Desde hace 30 años, México dejó de ser autosuficiente en la producción de alimentos, según indica el Sistema de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), por lo que las importaciones para satisfacer las necesidades alimentarias de la población ascienden al 43% (Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM). La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), menciona que un país es autosuficiente desde el punto de vista alimentario cuando por lo menos produce el 75% de los alimentos que consume. Esta situación es preocupante debido a que cada año se incrementa el porcentaje de importaciones agravando cada vez más la dependencia en este rubro que es uno de los más importantes en el mundo. Pero no conformes con esto, todavía nos damos el lujo de desperdiciar el 37% de los alimentos que tenemos debido a diferentes causas, lo que equivale a 10.4 millones de toneladas anuales que corresponde alrededor de 100 mil millones de pesos depositados en la basura. Las principales causas son: procesos de distribución obsoletos o con fallas tecnológicas, falta de infraestructura en la cadena de suministros, deficientes sistemas de transportación, malas prácticas de comercialización, falta de capacitación para el manejo de los productos alimenticios tanto frescos como procesados, malos hábitos de consumo en los hogares mexicanos, entre otros (Notimex, FAO en México).

Debemos considerar que el desperdicio de alimentos es una condición mundial, aunque no por eso debemos sentirnos libres de culpa. De acuerdo a datos de la FAO, en el planeta se desperdician anualmente 1.300 millones de toneladas de alimentos, lo cual es inaceptable cuando 870 millones de personas padecen hambre, de las cuales mueren diariamente 24 mil por esa causa.

Pero si analizamos el impacto ecológico que esto produce es verdaderamente impresionante: De las 1.300 millones de toneladas que se tiran al año, se generan 3.300 millones de toneladas de gases efecto invernadero (FAO). Y si profundizamos aún más para dimensionar de manera más precisa lo que representa este desaprovechamiento de alimentos, tendremos que dirigir la atención al desperdicio de agua que esto implica, para lo cual tenemos que remitirnos al agua virtual (término acuñado por el geógrafo Tony Allan del King´s College London (Inglaterra) al inicio de los años noventas (https://www.agua.org.mx/index.php/el- agua/sustentabilidad/aguavirtual).


¿Qué es el agua virtual?

Es todo el líquido vital que se utiliza para producir un producto durante su proceso de producción, es decir, en el caso de los alimentos, desde el momento que inicia la cosecha hasta que llega a nuestros platos, o en el caso de los animales, desde el momento de su nacimiento, hasta que lo saboreamos. En el caso de la producción animal es alarmante el agua que se utiliza, por ejemplo, para producir un kilogramo de carne de res (que es la que requiere mayor volumen de agua para su producción), se emplean alrededor de 14 mil litros, mientras que para un kilogramo de arroz, son 1,500 litros. Por lo tanto, cuando observamos la cantidad de alimentos que se tiran a la basura, no solo debemos pensar en la contaminación que generan, ni en el hambre que padecen los que no tienen acceso a estos, sino también en las enormes cantidades de agua que se utilizaron para producirlos, para que con tanta facilidad permitamos que se pierdan, desentendiéndonos de un problema real muy grave.